Blogger Template by Blogcrowds

martes, noviembre 17, 2009

en pause


Así me siento ahora, cómo si alguien le hubiese dado sin querer al pause de mi vida, pero yo, que estoy dentro, sigo andando. Claro, la diferencia está en que no pasa nada sustancial en mi vida, ni bueno ni malo. Puedo que eso sea algo bueno, quien sabe. Fundamentalmente ahora, lo que realmente me está quitando el sueño son varias cosas, tal vez sin importancia para el resto de los mortales, pero recuerdo que como estoy en pause no son de vital importancia. y son:

-no sé si por efecto del agotamiento mental que estoy sufriendo, y más tras la última semana de trabajo intenso....mis compañeros de trabajo son mi peor pesadilla. no los soporto, estoy susceptible, áspera, rara, borde.....hoy he pedido la semana que viene de vacaciones, o me la dan, o acabaré cometiendo un asesinato múltiple.

-en mi segundo trabajo la burocracia manda, por lo cual, seis meses de contrato no han sido sufiencientes ni para llevar a cabo la tercera parte de mi proyecto. Me siento frustrada, porque las trabas burocráticas me ponen demasiado freno y es un ritmo de trabajo tan lento que me mata. Por suerte o por desgracia, sólo me queda un mes de contrato.

-en mi primer trabajo, como es en horario de tarde, llego tan cansada que mi nivel de bordería está duplicado, eso sumado a que me han cambiado la oficina y me lan pintado de un color gris cemento, mi humor y mi autoestima han bajado sustancialmente.

-afortunadamente con mis amigas me va genial, por ahora, jaja.

-con mis hermanas ya es diferente, ellas están acostumbradas a pedirme muchos pequeños favores porque siempre he tenido tiempo y disponibilidad, pero no acaban de enterarse de mis limitaciones y ¡claro! mis respuestas soeces las pillan desprevenidas, ¡ains!

-y por último, mi amante me está desencantado un poco, digamos que empieza a aburrirme. Y mientras, el chico que me gusta, pero que es imposible, sólo me regala llamadas esporádicas, mensajes de fácil interpretación pero....se cierra, está prohibido.

Uf, cómo acabará todo esto, ¿por dónde estallará?

martes, noviembre 10, 2009

un amante a mi medida

No me gusta llamarle amante, prefiero llamarlo amigo especial, porque después de casi cinco años sabemos mucho más el uno del otro que de algunos amigos. Nunca hemos compartido nada fuera fuera de la cama, nunca hemos salido a cenar y nunca hemos salido a dar un paseo. Establecimos unas reglas del juego que los dos cumplimos a rajatabla.

-Prohibido enamorarse
-Nunca pedir más de lo que uno da (sentimentalmente hablando)
-No pedir explicaciones
-Si hay relaciones de amor con otras personas el compromiso puede suspenderse temporalmente.

Lo hemos cumplido, con sus altibajos pero siempre fieles a lo que pactamos. Ahora bien. Ya no me encuentro bien con él. Sigue siendo el mismo que antes y yo sigo siendo la misma, pero ahora es menos activo en la cama, se cansa antes y es un poco monótono. Está perdiendo interés para mí.

La otra noche acabamos enfadados porque no quería atender a mis peticiones, nada extravagantes, nada exageradas, pero no quería. Se escudaba en datos estadísticos, como si a mí me importaran el número de polvos que era capaz de aguantar cualquier hombre o mujer. Intentaba explicarme con razonamientos científicos la evolución del climax en un hombre y su diferencia con una mujer. No me interesa. Está claro que ya no puede aguantar más de dos asaltos, y eso, sinceramente, me preocupa. No por su vida sexual, sino por la mía.

Así que enfadada me dí la vuelta en la cama y me planteé buscarme un nuevo amante que por lo menos pudiera atender mis peticiones y necesidades. Pero me da tanta pereza y me parece tan complicado que creo que va a ser muy difícil. Entre tanto le daré tiempo a mi amigo especial para que tome fuerzas y algunas vitaminas.

Vaya contratiempo, con lo perezosa que me vuelvo yo en invierno. Darwin debió equivocarse en su teoría de la evolución, rebato su teoría y afirmo que, por lo menos yo, vengo del oso y necesito hibernar en invierno.

lunes, noviembre 09, 2009

me ahogo

No puedo evitarlo, me ahogo, me asfixio, estoy agotada, no puedo más con este ritmo de vida. Pero.....

....mis hermanas me dicen que no me queje, que debo continuar con este ritmo porque como no tengo hijos debo aprovechar todas las horas del día trabajando.....

....mis responsables directos de uno de mis trabajos me dicen que soy una inscosciente, abusona, porque me pido los días de vacaciones para poder cumplir con otras obligaciones laborales.....

....mis compañeros de trabajo me dicen que no me queje porque los hay que están en peores condiciones que yo, que están en paro y tienen que mantener familias....

...mi madre que siga trabajando pero que los fines de semana los dedique a limpiar con ahínco mi casa y a dedicarle más tiempo a mi perra que parece que está triste...

....y yo....yo cada día tengo menos energía, menos ganas de trabajar y sueño desesperadamente con meterme bajo las sábanas y no despertar en varios meses. Siento que estoy llegando al límite, que no puedo decir que no a ninguna de las propuestas laborales porque el día de mañana seré yo la que esté en paro, siento que se me escapan las fuerzas delante de los ordenadores, siento que los días pasan sin ningún sentido, siento que paso tiempo en la carretera que con el sueño que llevo de retraso un día de estos decido dormirme en la carretera....

...siento que no puedo más......pero no me dejan quejarme.

No volveré a quejarme, pero si mando a todos a la mierda que no se quejen ellos.

viernes, noviembre 06, 2009

¿miedo a qué?

Este verano ha sido uno de los mejores de mi vida. No sólo lo digo yo, sino las personas que me rodean.

Me creía capaz de todo. Mi vida estaba cargada de retos por cumplir y ninguno me achicaba, al contrario, me crecía. Iba pisando fuerte, algo que nunca pensé que podría hacer. Me sentía segura, o al menos casi todos los días, siempre aparecía como un fantasma mi inseguridad, como por sorpresa me la encontraba detrás de una esquina. Hubo momentos en los que volví a sentirme insegura, pero suerte que casi siempre tenía al lado alguien que me reprochaba el haberme dejado atrapar de nuevo por el miedo a mí misma. No soporto que me reprochen, que me atosigen, que no me permitan concederme un momento de inseguridad, de miedo, de victimismo lo llaman ellas. Pero es que yo antes era así, y me cuesta no poder sentirme así. Cada día tengo que luchar por ello.

Ha llegado el frío y con él de nuevo planea el fantasma de la inseguridad. Empiezo a verle un punto y final a una etapa de mi vida en la que el pluriempleo ha permitido que de una vez por todas me agobie por algo que es cierto y no imaginado, en este caso, la falta de tiempo. Pero a la vez esa falta de tiempo me ha hecho apreciar aún más el tiempo que pasaba en soledad y en compañía.

Pronto acaba, y ahora me asalta el miedo a poder terminar a tiempo todo lo que me encargaron, a cumplir con las expectativas, a haber hecho un buen trabajo, o al menos intentarlo. Pero.....¿y luego?

Miedo vuelve a aparecer en escena, cuando de nuevo tenga demasiado tiempo libre para pensar, para estar ociosa y dejar que se me pegen como rémoras complejos como el miedo, la inseguridad, la impotencia, etc.

Presumo de tener control, de controlar todo lo que puedo. Pero mi psicóloga insiste en que no debo ser tan controladora, que debo dejarme llevar. Horror, dejarme llevar yo, ¿hacia dónde? Empiezo a sentir miedo, pero ¿miedo a qué?

lunes, octubre 26, 2009

luchar con una misma


Una puede ser justa o injusta con los demás, es fácil hacerlo cuando se trata de otra persona. Pero cuando se trata de una misma, la cosa cambia.

Este fin de semana he tenido que hacer de monitora con un grupo de adolescentes en un viaje multiaventura que incluía escalada, rapel, senderismo y tiro al arco. Es muy normal, fácil y a todo el mundo le encanta. Cuando se me ocurrió comentar en el trabajo que nunca había hecho escalada, ni rapel, ni tiro al arco, algunos compañeros me dijeron que era muy fácil, que gustaba, que subía la adrenalina, bueno, poco más que me lo vendieron como el elixir de la eterna juventud. Y claro, he ahí el dilema.

La diferencia de edad entre los adolescentes y yo era de unos 16 años. Claro, llega el día, sol a raudales, temperatura agradable, vista panorámica desde la montaña de ensueño, entorno mejor imposible. Comiezan la escalada los jóvenes, que más que escalar trepan como si los 8 metros de altura y la roca no fueran un problema. Como si de salamandras se tratasen suben sin ningún tipo de dificultad. El grupo se va reduciendo y empieza el dilema

subo o no subo
si subo, olé por tí
si no subo, sé que me arrepentiré siempre
pero es que no estoy tan ágil como ellos
y claro, con mi culazo no voy a ser capaz de subir ni 10 centímetros
la lucha interna fue tal que de la rabia que me estaba dando no poder arrancarme a subir la roca se me saltaban las lágrimas
mi compañero notó algo extraño en mí y se acercó a preguntar qué pasaba
no podía darle el gusto de que me viera en tal dilema interior
fue lo mejor que pudo pasar

antes de darle tiempo para recibir una respuesta me lancé hacia el monitor de escalada

-Si me bloqueo, me pongo a llorar en mitad de la pared o me pongo a temblar, me pegas un tirón y me bajas.
-Ok

Fue la única manera de poder superar mis miedos: el no tener que reconocer mis limitaciones ante mi compañero (claro que él no subió) eso me sirvió como acicate para lanzarme y probarme.

Pero por lo menos comprobé que aún me quedaba un resquicio de valor en mi interior, que aún doblándole la edad a los chavales podía ponerme a su nivel.

Pero ante todo fue una lección para mí de mí misma.

Cuesta reconocer el miedo, cuesta saber donde están tus límites, pero si no lo intentas te limitas tú sola.

El resto del viaje dejé de ponerme al nivel de los adolescentes y dejé que ellos se fueran en busca de bares perdidos en la montaña, mientras yo disfrutaba de mi meta alcanzada disfrutando de una película y un extenso momento de lectura antes de atrapar al sueño.

jueves, octubre 22, 2009

pido un deseo


Si ahora mismo saliera un genio de la lámpara y me concediera un deseo le pediría que parase el tiempo.

Quiero que el tiempo se pare para poder sentarme y pensar. Dedicar unos minutos a pensar en mi vida. Y poner en orden las prioridades, que ahora mismo están alteradas.

Si me concediera dos deseos pediría:
Que parase el tiempo y después que lo vuelva a poner en marcha, que me conceda girar hacia atrás las manillas del reloj para poder así recuperar, aunque sólo sea por un momento, a un amigo recién perdido al que echo muchísimo de menos.

Si me concediera tres deseos pediría:
Parar el tiempo, echarlo para atrás cuando aún tenía en mi corazón a mi amigo y como tercer deseo le pediría que pusiera en marcha mi corazón para que vuelva a sentir, creo que ya me aburre el hecho de no sentir nada por nadie. Creo que ya me aburrí del papel de cínica autosufiente. Aunque si esto es para siempre, bueno, ya estoy acostumbrada, aburrida pero acostumbrada.

Necesito unas vacaciones ya.

lunes, octubre 19, 2009

la diferencia entre un domingo y un lunes

Me declaré en semi huelga. Después de llevar semanas sin parar y fines de semanas a tope, decidí concederme un respiro y dedicarme a mí, a mi casa y a mi vida.

El viernes fue muy my intenso. Día de trabajo extra, fuera de la oficina, en un concurso juvenil que me violentó más que me agradó. Raro, fue un día raro y con unas consecuencias que se dejan sentir hoy en el curro. Creo que mi impetuosidad y mi carácter justiciero pueden costarme algún que otro lamento. Ya iré contando cómo se desarrolla todo.

Sábado tranquilo. Me dedico a los asuntos comerciales por las mañanas, descambiar ropa de fiesta por deportiva (propósito de enmienda, salir menos los fines de semana), visita al supermercado con intención de hacer paquetes de congelados para ir viviendo, y visita a mi amiga para ver qué tal está de ánimos después de unas semanas de pasiones interrumpidas. Tarde de visita a una iniciativa comercial tipo Factory, salimos mis amiga y yo sin bolsas en la mano y con la cartera intacta. Un par de cervezas, confesiones y deseos de buenas vibraciones, y punto y final. Peli nocturna y a la cama acompañada de un libro. Uf, justo lo que necesitaba.

Domingo. A pesar de que me había hecho muchas previsiones, muchos propósitos, era consciente que no me iba a dar tiempo a todo. Pues, sorpresa, me dio tiempo a más de lo que pretendía. Así que acabé agotada pero con la sensación de haber recuperado mi espacio y mi tiempo. Me llama mi hermana a última hora, me cuenta que mi sobri se pasa los días levantando el auricular del teléfono y pronunciando mi nombre, aunque luego sólo es capaz de decirme "sí, sí, sí," a todo lo que le pregunto, jaja, Un cielo de niña. Le hablo del trabajo a mi hermana, le digo que si tuviera la certeza de que el contrato continuara después de diciembre, dejaría uno de los trabajos para dedicarme más tiempo a mí misma. Mi hermana no lo comprende, dice que no teniendo cargas familiares debo aprovechar y trabajar como una burra. Claro, hasta que caíga agotada. Me siento incomprendida y me lamento de ser tan comodona y solicitar tiempo para mí misma. No volveré a quejarme de no tener horas al día para mí.

Lunes mañana. Llego al trabajo y cuento el fastidio de concurso que tuve que vivir el viernes. Mis compañeros me dicen que he hecho bien, yo, interiormente me lamento de las formas aunque no del fondo. Recibo una llamada que me pone más violenta aún, quieren anular el concurso. Tengo que subir a un escenario y pedir disculpas públicas por la actitud de unos adolescentes que se dejaron llevar por la emoción de haber ganado y aún así no le valen las disculpas y quiere anularlo todo. No lo entiendo, no lo comparto, y su actitud me parece revanchista. Sé que esto va a tener consecuencias en mi trabajo, y eso me pone más triste aún si cabe.

Al final, mi hermana va a tener razón, no me debo de quejar de tener dos trabajos, porque mañana puedo no tener ninguno.

Entradas antiguas