Hoy mis compañeros de trabajo me han dedicado una canción. Ellos dicen que soy una pelota, vamos, una pelota de los jefes y todo por la siguiente situación.
reunión de coordinación
la jefa dice que duda a quien encargar un proyecto, duda entre mi compañeroy yo
yo digo, por mí encantada, me gusta el proyecto
no sé, yo creo que hay que mostrarse optimista y positiva, además, que necesito buscar temas que hacer para que así puedan aumentarme algún día la jornada.
Se lo he intentado explicar a mi compañero, que mi situación es inestable y necesito agarrarme a algún proyecto, creo que esa justificación sí les ha valido. Pero aún así, me quedo con la sensación extraña de si doy o no doy esa impresión, no sólo con el resto de compañeros, sino también con los jefes.
Me gustó la reunión de hoy, me dieron bastante trabajo y me animó, prefiero saber que tengo muchas tareas que hacer, eso me da vidilla.
Hoy vuelvo a sentir el vacío dentro de mí. leí, leí, leí y releí un sinfín de blogs de gente que como yo se ha podido llegar a sentir sola alguna vez, y no pude sino verme de nuevo reflejada en esa soledad y volver a sentirme sola. Tal vez fue por eso que no pude reprimir las lágrimas y tuve que volver a llorarme, a sentirme pena una vez más.
Y es que no aprendo, me engaño a mí misma, quiero huir de mí y pensar que estoy a salvo, pero yo estoy dentro y no puedo eliminarme, neutralizarme, cómo se puede una olvidar o ignorar a sí misma. No entiendo porqué mis sentimientos hacen que me sienta una y otra vez mal, vacío, sucio, ignorante, estúpida. Pero es así como me siento, ¿porqué? ni yo misma lo sé. De lo único que estoy segura es de que me engaño continuamente, porque a través del engaño, a veces, solo a veces, creo ser feliz.
No sé si dije anteriormente que me muevo en una extraña sensación de que el pasado siempre está sobrevolando en el presente.
Cuando el otro día me confesé dije abiertamente que en cada hombre con el que me acuesto busco algo más (sólo en algunos, no en todos, que hay que ser consecuente y sincera) Acepto que ellos no busquen lo mismo, es normal encontrarme con hombres así, que sólo buscan sexo sin amor y sin compromiso. En determinados casos los acepto, porque crece en mí un cierto interés por volver a repetir y compartir experiencias con ellos, siendo siempre consciente de que dichos encuentros nunca serán germen del amor ni de otro tipo de sentimientos.
Sin embargo, resulta curioso cómo cuesta desprenderse del pasado. Últimamente tengo la sensación de que estos hombres siempre están pululando a mi alrededor, nunca acaban de irse por completo. Es más, casi siempre hacen acto de presencia al menos una vez a la semana. Y eso me impide seguir adelante. Alguna de mis amigas dice que eso es bueno porque siguen buscando en mí algo, pero yo les digo que no, porque no buscan nada especial, no me consideran nada especial, solo sexo al igual que yo a ellos.
Muestra inevitable ha sido esta semana: tres de estos hombres han hecho acto repetido de presencia.
Caso uno: me envía mensajes a horas intespectivas de la noche, es más, esta semana me llamó de madrugada (inaceptable). No sé exactamente que es lo que pretende o busca, sí, sólo sexo, pero no acabo de enterarme de su juego. Me tienen un tanto desconcertada. Me propone ocasiones, luego cambia los planes, yo paso página y cuando menos lo espero otro mensaje pero en plan amigos. Estoy totalmente perdida.
Caso dos: después de meses sin saber nada de él, aparace un día por sorpresa. Quiero volver a verme, yo acepto. Soy plenamente consciente de que la cita no me va a provocar ningún tipo de daño ni sentimiento. Pero puede resultar interesante. Llevo varios días sin saber de él, igual se envalentonó y luego se acobardó, suele pasar cuando la chica se muestra predispuesta, casi más que el hombre. Creo que aún no aceptan la libertad sexual de las mujeres y sus deseos de decidir dónde, cuándo y con quién tener sexo libre.
Caso tres: siempre ha estado ahí. Lo que fue una aventura se fue convirtiendo en amistad, o más bien nos convirtió en confidentes, a pesar de que la tensión sexual siempre ha estado latente. Vino a visitarme por sorpresa, como quien pasaba por ahí y se acordó de mí. Ambos sabemos que es lo que hay entre los dos, nos vimos, charlamos y al despedirnos los dos nos lanzamos a besarnos, lo deseábamos por igual. Pero la historia es imposible, nunca se le podrá poner un final. Sé que continuará como hasta ahora.
Y por ahora esos son los casos de esta semana. Espero que no surjan más, no creo que resita tanta indecisión.
Me gustaría poder pasar página a todos ellos. Empezar de cero. Ese precisamente fue uno de mis propósitos de año nuevo, cortar por lo sano con el pasado. Con suerte corté con algún indeseable, pero veo que voy a tener que ser más tajante si quiero empezar con un nuevo estado en mi vida.
Me arrepiento de tantas cosas que me arrepiento de arrepentirme.
Si controlase mis impulsos no tendría que arrepentirme de ellos, si no hiciera caso de mis impulsos me arrepentiría de no haber actuado a tiempo.
Necesito una huída, un salvoconducto que me libere de esta opresión constante. Necesito huir y largarme a un lugar lejano para empezar de cero en todos los sentidos. ¿Sería así libre?
Voy tres veces en semana al gimnasio. Acudo puntualmente a las clases de aerobic y si algún día tengo más tiempo y reúno la suficiente valentía, me apuntaré también al spinning. De momento, me conformo con el aerobic, que por lo menos me mantiene en forma.
Yo siempre renegaba de los gimnasios porque pensaba que todo el mundo me miraría y catalogaría como la más gorda del gimnasio, además que no tenía yo entonces mucha fuerza de voluntad. Ahora, sigo siendo la más gorda del gimnasio (sé que objetivamente no debo decir eso porque no es cierto, pero cuando me veo en el espejo miro mi individualidad y no puedo dejar de verme gorda, sin compararme al resto de compañeras), pero ya me lo tomo con otros aires. Prefiero reirme de mí misma.
Cuando me apunté me daba un verguenza tremenda, al llegar tarde a la primer clase no me quedó otra que ponerme en primera fila al lado de la monitora. Bien, pues la primera clase la superé y la verguenza también.
Ahora llevo ya unos 5 meses y aunque me apunté a ese gimnasio porque iba una amiga y luego una compañera de trabajo, al final siempre acudo sola, ellas son más dejadas. Me gusta observar a mis compañeras, hay de todo, y me encanta imaginarles vidas, escenas, biografías e incluso apodos según su forma de bailar.
La desganada: esta chica es alta a más no poder, es grande, casi diría que desproporcionada, y creo que no debe sentirse cómoda con esas dimensiones si nos atenemos a su forma de moverse. Los movimientos los hace a medias, como si no tuviera fuerzas o temiera lastimar a alguna compañera si realmente estira los brazos o las pieras. Ponerse cerca de ella es perder el ritmo, porque te hace descoordinar. Si ya de por sí soy distraída... intento no ponerme a su lado.
La descoordinada: a esta chica le pasa lo que a mi hermana, que tiene un ritmo propio, rápido y saltarín. Por cada paso que damos da la sensación de que ella da dos, porque lo acompaña todo con un pequeño brinco que hace que te pierdas, o que intentes ir más rápido en la coreografía para cogerle el ritmo. También evito ponerme a su lado. Es obvio, me pierdo.
La gordita: creo que su problema es realmente de tiroides, porque la chica se mueve con una soltura tremenda, acude regularmente a las clases y es, sin duda, la más alegre y solícita. Me cae bien, aunque apenas hemos charlado un par de veces de GH, jaja, de qué si no. LLeva el ritmo muy bien y sí me gusta ponerme a su lado.
La bien casada: la imagino casada, feliz, perfecta en su matrimonio y en su vida, tal vez esa apreciación sea porque ejecuta los movimientos a la perfección. Es un tanto socarrona y le gusta hacerse notar porque es guapa y perfecta. Uf, huyo de este tipo.
La deportista: lo sé porque yo acudí a clases de aerobic que ella impartía. Creo que no me recuerda, yo antes lucía unos muchos kilos de más y aún hay gente a la que le cuesta reconocerme. Tiene tanto pecho como yo, o al menos eso quiero pensar, pero usar sujetadores deportivos tan buenos que me hacen babear de pura envidia cuando le veo las tetas tan bien puestas. Cuando me pongo a su lado intento calcular en el espejo cual de las dos tiene más pecho. Lo sé, parece enfermizo. El guapa, moderna y la imagino como una chica interesante pero con un carácter fuerte.
La espejos: a esta hace tiempo que no la veo venir. Imagino que igual no la mirábamos tanto como ella quería. No me gustaba ponerme a su lado. Tenía un cuerpazo que le gustaba mirar y que las demás mirásemos. Y claro, yo caía como tonta y no paraba de mirarla en su perfección.
La osteoporosis: es mayor, supongo que ha venido para superar los problemas derivados de la menopausia. Es valiente, se atreve con todo, y aunque se empeña en ponerse al final en el rincón, sabe llevar todos los pasos perfectamente. Es simpática.
Hay más, entre ellas mi compañera y mi amiga. Mi compañera, que se está convirtiendo también en amiga todo hay que decirlo, se pierde en las vueltas, va a su ritmo, y eso hace que las dos caigamos en la risa floja continuamente. Luego, en la oficina intentamos mostrar a los compañeros nuestra destreza sobre el steps. Mi amiga hace tiempo que no va, y se empeña en que levante la cabeza y me mire al espejo, sabedora ella de que no me gusta un pelo.
Y por supuesto, estoy yo, supongo que igual me califican de rara, sosa y, por supuesto, gorda. Acudo a todas las clases, no me gusta perderme mi rato de desahogo, y aunque no suelo hablar con mis compañeras, porque no sé de qué, por increíble que parezca, me gusta ir y compartir ese rato con ellas.
Resulta raro que diga esto, pero no entiendo cómo no he ido antes al gimnasio o he hecho deporte, realmente engancha y me gusta. Me hace sentir bien.
Hoy tengo que robarle el título a una de las entradas de mis blogs habituales, concretamente a Al más puro estilo Briget Jones.
Hoy desnundaré mi alma, me mostraré tal y como soy, porque ya me estoy cansando de intentar ser lo que no soy. Me quito cada una de las prendas que me cubren para reconocer que:
-en cada hombre con el que estoy busco el amor, o el cariño que hace años no consigo encontrar en nadie del sexo opuesto
-me jazto de decir que no creo en el amor, pero es mentira, porque sí me enamoro y sufro por amor un día sí y otro también
-indudablemente me gusta el sexo por el sexo, sin compromisos, pero siempre se me queda un regusto amargo, un vacío que igual intento llenar con más sexo a pesar de saber que no es la solución
-no soy fría, ni frívola, ni víbora, todo lo contrario, puedo llorar con un sms, con un e-mail, o simplemte con el silencio, traducido en rechazo.
-reconozco que mi vida es plena, satisfactoria y completa en muchos sentidos, puedo irme a la cama, cerrar los ojos y pensar que lo tengo todo y que soy feliz, pero no, la falta de amor me hace sentirme incompleta
-mi inseguridad y mi "tara psicológica" que me lleva a predecir un futuro que es incierto lo mires por donde lo mires, me hace vivir continuamente en una inseguridad y miedo constantes.
-sueño mucho con la vida que me gustaría tener, pero soy tan egoísta que no me doy cuenta de todo lo que he conseguido hasta ahora y que también formaba parte de un sueño anterior en mi vida
-muchas veces recurro al pasado para sentirme una mujer plena, un ejercicio nada recomendable para mi salud mental, pues me hace encallarme en un tiempo y realidad que no puedo variar
-me gusta pensar que tengo el control de mi vida y mi muerte, si algo me decepciona siempre pienso que puedo morir para no sentir dolor, pero tengo que reconocer que tengo miedo a la muerte
-me gustaría poder ser una persona coherente, abierta y libre, pero soy yo misma la que me obliga a vivir en una cárcel imaginaria, con barrotes inexistentes que me empeño en seguir inventando.
-hoy voy a decirle adiós a muchas personas, voy a hacer un limpiado de mi agenda, porque, al fin y al cabo, me retienen en el pasado y me impiden seguir adelante.
-voy a ser valiente, por una vez en la vida, y voy a dejar que la vida suceda tal y como venga, sin intentar anticiparme y sufrir antes de tiempo por cosas que pueden o no suceder.
A partir de ahora hablaré sinceramente de lo que me hace sufrir, reir, llorar y sentir.
Me cuesta horrores abrir mi corazón a la gente, me cuesta horrores reconocer lo que puedo sentir por alguien, soy más de demostraciones, pero aún así, de vez en cuando dejo que mis palabras hablen por mis hechos.
Decido abrir mi corazón, hablarle a alguien de los sentimientos que me provoca, y horror, resulta que, como viene siendo habitual en mi vida, él no se siente cómodo. Vale, lo entiendo perfectamente, una no puede controlar los sentimientos, ni obligarlos a tomar un camino que no es el que ellos quieren tomar. Soy adulta y lo entiendo. Puede dolerme más o menos, pero aunque duela eso ya es asunto mío.
Y ahora me duele. Por partida doble. Me duele el rechazo y me duele el arrepentimiento de haber hablado de mis sentimientos. Debería aprender de los errores, pero parece que no aprendo.
De todas formas, cierro los ojos, respiro profundo y me recompongo. Nadie será capaz ahora mismo de hacerme daño, no voy a permitirlo. Ahora he aprendido a borrar todo rastro del dolor que me puedan causar.